La empatía supone la capacidad de ponerse en el lugar de los demás, percibir los sentimientos y experiencias del otro, y comprender la legitimidad de su estado emocional; incluso, aunque no se esté de acuerdo con la persona. Al entender la situación del otro y el porqué de su comportamiento es posible responder adecuadamente a sus reacciones emocionales, mediante una interacción positiva y de beneficio mutuo. Es por ello que la empatía propicia relaciones sociales y vínculos afectivos exitosos.

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¿Qué es la empatía y cómo se manifiesta en los humanos?

La empatía se desarrolla a través de las relaciones sociales y del contacto afectivo, de brindar amor a los demás desinteresadamente y sin expectativas. Por tanto, la empatía es un ejercicio de atención y de reconocimiento hacia quienes nos rodean, de acercarnos emocionalmente a la realidad de esa otra persona.

Estamos predispuestos genéticamente a comportamientos solidarios y compasivos; sin embargo, con el creciente individualismo de la sociedad actual es vital para el futuro reconectar con nuestros principios más humanistas y educar a las siguientes generaciones el valor de la empatía como una habilidad para la vida, capaz de inspirar el desarrollo pleno de la persona e influir positivamente en los demás.

Comportamientos no empáticos en padres: Teoría

Según ha revelado una investigación realizada por científicos de la Universidad de Pennsylvania (Estados Unidos) y publicada en la revista de la Academia Americana de Psiquiatría Infantil y del Adolescente, los niños que reciben menos cariño por parte de sus padres suelen ser más agresivos y poco empáticos.

Un espacio familiar en el que no se demuestre amor, respeto, solidaridad y compasión existe la posibilidad de que los más pequeños aprendan que el interés y comprensión hacia los demás no es tan importante. Sin embargo, en la medida que se entrene y ejercite la empatía es factible que el niño pueda desarrollar capacidades empáticas con la práctica, aún cuando su entorno haya sido adverso.

¿Qué es el cerebro social y cómo ejercitarlo en la infancia?

La neurociencia ha comprobado que existen circuitos cerebrales que intervienen en la formación de la habilidad empática denominado “cerebro social”, el cual nos incita a crear vínculos con otros. Los circuitos cerebrales que operan en ese impulso -que va más allá de nuestro propio interés- se crean durante la infancia como resultado de la conexión que se genera con padres, cuidadores y el entorno en general.

¿Cómo motivar la empatía y el cerebro social de mis hijos?

Ayudar al niño a gestionar sus sentimientos en vez de utilizar frases como “deja de llorar, eso es de débiles”, le puede enseñar a reconocer las emociones de los demás e influir positivamente para que sea capaz de crear vínculos sociales y afectivos. La actitud emocional de los padres influye en el desarrollo de la empatía en los niños, pues se educa con el ejemplo y a edades tempranas la imitación forma parte del comportamiento infantil.

Aún cuando estamos predispuestos para ser empáticos desde que nacemos, el desarrollo de comportamientos empáticos requiere de entrenamiento y práctica. Es a través de la empatía kinestésica (la empatía derivada de mimetizar el lenguaje corporal) que conectamos con nuestros hijos y ellos con nosotros y por eso es indispensable aprender a vincularnos de manera consciente, no solo con las palabras, sino también con el movimiento del cuerpo. Como padres somos un modelo a seguir e influenciamos profundamente el mapa cerebral infantil, por eso no debemos olvidar que nuestras acciones como padres son lecciones cotidianas para los hijos.

Comportamientos no empáticos en padres: lo que no debemos hacer con nuestros hijos

Los niños se nutren de las experiencias de su entorno, son como esponjas que absorben lo que se les enseña. El desarrollo de la empatía desde temprana edad dependerá de la calidad emocional que rodee al niño; por ello, si como padres queremos que los más pequeños comprendan el valor de la solidaridad, el altruismo y la consideración hacia los demás debemos evitar estos comportamientos no empáticos:

1. No demostrar afecto

En un entorno donde los hijos no reciban nutrientes afectivos y donde no se demuestre cariño y preocupación hacia otros, los niños tenderán a imitar los comportamientos no empáticos y a tener problemas para entender los sentimientos de los demás.

2. No validar al otro

Deslegitimar la opinión bien entre padres, con terceros o con los propios hijos trasmite en el niño el mensaje de que el punto de vista de los demás no es importante. Aún cuando existan desacuerdos, es necesario manejarlos asertivamente delante de los hijos y también con ellos, para que aprendan a aceptar los criterios de los demás. De lo contrario, los procesos de socialización en el niño se inclinarán al egocentrismo y tendrá dificultades para ponerse en el lugar de los demás.

3. No respetar el espacio personal

Si los padres no son capaces de considerar la esfera particular de cada miembro de la familia, ni tampoco la de sus propios hijos (entrar en la habitación o tocar sus cosas sin pedir permiso), los niños más pequeños – que aprenden inicialmente por imitación – tampoco demostrarán respeto hacia el entorno que los rodea. El trato respetuoso hacia los demás es indispensable para el desarrollo de las habilidades empáticas.

4. Falta de autorregulación emocional

Los comportamientos explosivos, así como los altibajos emocionales propician una impronta negativa en el manejo y gestión de las emociones en los niños. Un entorno de inestabilidad emocional es inseguro y afectará las habilidades para construir vínculos sociales y la capacidad para conectar afectivamente con otras personas. Como cuidador aprender a regular tu estado emocional es la mejor lección para poder enseñar a tus hijos a hacerlo.

5. Ausencia de interés afectivo

Ignorar a los hijos (no hacer preguntas para descubrir sus necesidades físicas o emocionales), así como la indiferencia hacia el sufrimiento ajeno y la falta de solidaridad disminuye las posibilidades de que los niños desarrollen habilidades empáticas.

6. Juzgarlos o etiquetarlos

Los padres que utilizan la burla, la descalificación y las etiquetas como elementos del comportamiento cotidiano con sus hijos y hacia lo demás están creando personas con dificultades para la compasión hacia otros y la autocompasión y auto empatía hacia sí mismos.

¿Cómo enseñar empatía a tus hijos?

La empatía se entrena practicando, es una cualidad que requiere ser estimulada. En los niños la empatía depende de la influencia del entorno y de las conexiones afectivas que ellos empiezan a establecer desde temprana edad. Los comportamientos emocionalmente estables de los padres son fundamentales para que un niño desarrolle la empatía, esto le permitirá establecer vínculos sociales beneficiosos para su bienestar emocional y mental.

Desde mi propia experiencia como persona empática me he dedicado a investigar, escribir y asesorar a otros a descubrir y desarrollar el arte de la empatía. Por ello, sé que enseñar empatía a nuestros hijos es posible porque -tal y como lo confirma la neurociencia- el cerebro infantil es completamente moldeable y se nutre de la calidad emocional que exista en su entorno. Siendo los padres el referente de mayor influencia, podemos utilizar herramientas didácticas que nos ayuden a estimular la empatía en nuestros hijos.

Leer fomenta la empatía: has de tus hijos unos grandes lectores

La lectura es una de esas herramientas, porque favorece el apego y la confianza entre padres e hijos de forma entretenida y educativa. Los cuentos infantiles para trabajar la empatía permiten que los niños comprendan que cada personaje tiene emociones y reacciones diversas según las situaciones que va planteando el relato. Desde esta perspectiva didáctica presento mi primer libro para niños para enseñar empatía titulado: “En Tus Zapatos. Un cuento sobre la magia de conectar con los demás” / “A les teves sabates. Un conte sobre la magia de connectar amb els altres”. Es la historia de Mimi y sus nuevos calcetines mágicos que la llevarán a ponerse en el lugar de los demás y a descubrirse a sí misma.

Con este cuento, especialmente concebido para entrenar la empatía en niños, los más pequeños podrán descubrir e identificar sentimientos al conectar afectivamente la protagonista. Mimi y la magia de sus calcetines les brindará a los primeros lectores la posibilidad de vivir experiencias emocionales diversas cuando ella vaya probándose los zapatos de cada miembro de su familia. También le permitirá a los padres orientar a sus hijos en el reconocimiento y comprensión de las emociones de los demás, por medio de situaciones cotidianas que fácilmente se pueden trasladar al entorno del niño y así estimular comportamientos empáticos en la práctica.

Estrategias para cultivar la empatía en niños desde casa

La cotidianidad familiar está llena de situaciones en las que se puede trabajar la empatía con nuestros hijos. Por ejemplo, cuando otro niño se hace daño, tu hijo puede sentir el dolor o la incomodidad de ver sufrir a esa persona, esto representa una oportunidad para cultivar comportamientos empáticos y poder enseñarle a tu hijo a tener consideración e interés hacia el otro. Algunas estrategias para el manejo saludable de experiencias como éstas pueden ser:

1. Ayudar al niño a conectar con su propia emoción

Que entienda que esa incomodidad lo conecta con el niño herido, pero esa sensación desagradable, ese mal cuerpo, no es suyo. Animarlo a que en situaciones así, mostrar interés por el otro, brinda consuelo y bienestar mutuo.

2. Autoregulación de emociones

La separación y reflexión sobre los propios sentimientos frente a los ajenos es clave para distinguir si lo que siente el niño es un reflejo de los sentimientos de otra persona o si son emociones propias. Como padre puedes enseñarle a tu hijo cómo volver a su estado de balance manejando conscientemente una emoción negativa, reconocerla y gestionarla.

3. Control de violencia audiovisual

Puedes regular el contenido de violencia que consumen tus hijos en la televisión, redes sociales y videojuegos. La alta exposición a escenas violentas puede insensibilizar al sufrimiento ajeno.

Reza un proverbio africano “El niño que no sea abrazado por su tribu cuando sea adulto quemará la aldea para sentir su calor”. Como padres queremos el bienestar de nuestros hijos, y la empatía es una de esas claves de la felicidad, un puente para la plenitud personal que puede enseñarse desde pequeños. Nuestro mundo actual necesita empatía, conectarse con las emociones nobles de la tribu, crear vínculos con otros y sin duda, aspirar a una sociedad más humana y solidaria.

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