El mundo actual está inmerso en una hiperconectividad tecnológica de dudable valor empático. Los niños están creciendo en ambientes sobreestimulados, con pantallas de por medio y aprendiendo -cada vez a edades más tempranas- a capitalizar seguidores, pero no a formar vínculos afectivos; por esto, promover la empatía desde el ámbito escolar supone un reto importante ante una sociedad en permanente competencia y con poco aprecio por las diferencias. Siendo el aula un espacio de encuentro colectivo, donde se construyen nexos más allá de lo académico, los maestros tienen la oportunidad de estimular la empatía en los niños, de enseñarles a ponerse en los zapatos del otro.

Educar la empatía en el aula requiere que el maestro desarrolle una práctica diaria que ayude a los niños a prestar atención y reconocimiento a sus compañeros. Cuando el niño ejercita la empatía en el aula va construyendo la habilidad de comprender las emociones y comportamientos de los demás, así como también a crear relaciones sociales y afectivas saludables. Un maestro consciente y comprometido en la enseñanza de la empatía incide a favor de un futuro más humano y garantiza desde su espacio pedagógico la formación de personas solidarias, generosas y compasivas.

Con motivo del lanzamiento de mi primer libro infantil para niños de 3 a 6 años, títulado «En tus zapatos», he querido hacer este artículo reivindicando la labor de los maestros y a la vez llamando la atención de la comunidad formada por padres y maestros, sobre la importancia de enseñar la empatía en la escuela desde las primeras edades.

Empatía en el aula

Enseñar Empatía: un ejercicio de vital importancia social

¡Aquí tal vez me ponga un poco enfática, pero es que nos olvidamos a veces de la labor tan clave del maestro!

La empatía en el docente es una habilidad imprescindible para transmitirle al alumno que no está solo y que es comprendido. A través de la empatía el maestro puede construir relaciones exitosas con sus alumnos y enseñarles que las destrezas empáticas son importantes para conectar con las personas y para crear conexiones sociales exitosas.

Las condiciones del entorno personal del propio maestro y su estado de ánimo son claves para el desarrollo de la empatía en el aula. Un docente motivado, estable y capaz de autogestionar efectivamente sus propias emociones podrá enseñar empatía a sus alumnos y conectar con ellos más allá de solo impartir conocimientos. De hecho, podemos recordar con cariño y gratitud a aquellos maestros que dejaron una huella positiva en nosotros, a quienes sabían entender y apreciar nuestro valor como personas más allá de ser solo un nombre en la lista de asistencia.

Los maestros que quieren desarrollar la empatía y las habilidades sociales en sus alumnos suelen crear en el aula un espacio seguro y confiable donde los alumnos se sienten valorados y comprendidos. Enseñar empatía es posible cuando el nexo entre alumno y maestro se establece en un entorno cálido, cercano y de escucha activa, de genuino interés y respeto por las emociones, experiencias y opiniones de los demás.

La práctica activa de la empatía en el aula favorece las destrezas de socialización y fortalece la capacidad de crear vínculos afectivos en los alumnos. Cuando en el alumno se conjugan las capacidades empáticas con las académicas se beneficia su aprendizaje, la motivación al estudio, su autoestima y sus destrezas de socialización. Un maestro consciente de esto tiene la posibilidad de legar en sus alumnos fértiles semillas de empatía que se irán esparciendo más allá de los pupitres.

Comportamientos no empáticos en maestros

El desarrollo de la empatía en el aula y la posibilidad de su aprendizaje dependerá de la calidad empática del maestro. El docente moldea y orienta con su comportamiento y desempeño pedagógico, más que solo conocimientos y destrezas académicas, el maestro representa un importante referente que dejará su impronta en el alumno. Un maestro comprometido con la enseñanza de la empatía debe evitar estos comportamientos no empáticos en el aula:

1. Castigar y regañar reprimiendo comportamientos sin voluntad de entender la situación

Utilizar la empatía en un contexto conflictivo es un recurso que implica tiempo y energía, pero el resultado es más productivo y satisfactorio para que el niño sienta que es comprendido. La escucha atenta y la cercanía afectiva permitirán al docente descubrir lo que subyace detrás de un mal comportamiento.

Una situación común en la cual se puede aplicar la empatía es, por ejemplo, cuando los niños en el aula se ponen en fila para salir al recreo y hay uno que empieza a empujar a otros compañeros para ponerse el primero. Se puede dar el abordaje de dos maneras:

Comunicarse sin empatía:

Amonestar al niño sin darle oportunidad al diálogo diciendo algo como “Si sigues empujando a los compañeros, serás el último de la fila.” Esto no solo no resuelve el problema, sino que lo más probable es que el niño siga repitiendo la conducta.

Comunicarse con empatía:

Acercarse al niño con calidez usando frases como “Sé que hemos hablado sobre empujar a los compañeros en otras ocasiones. Sé que sabes que no es la mejor forma de gestionar lo que te molesta. ¿Hay algo más que necesito entender para ayudarte?” Los niños dicen más con su comportamiento que con las palabras y actitud empática permitirá descubrir la necesidad que se esconde detrás de una mala actitud.

2. Etiquetar y juzgar sin medir el impacto de las palabras

No es lo mismo tener el pupitre desordenado que ser una persona desordenada, las palabras importan y pueden tanto edificar como dañar. En el momento en el que verbalizamos que el alumno ES en vez de apuntar al comportamiento estamos juzgando al alumno e introduciendo la creencia de que forma parte de quién es, de su personalidad. Que el alumno tenga el pupitre desordenado no significa que sea desordenado. Hablar sobre el estado del pupitre, en vez de etiquetar al alumno convierte al comportamiento en algo mutable y por supuesto, mejorable.

3. Respuesta centrada en el profesor “No tenemos tiempo para esto”

Como adultos en algunos momentos nos desesperamos, se nos agota la energía y queremos acabar con una situación sin más rodeos y hacer la tarea. Este comportamiento traspasa a los alumnos que no sienten que el maestro tenga espacio para su estado emocional, para compartir lo que les preocupa en un instante determinado. Gestionar los propios sentimientos de manera asertiva y tener la sensibilidad para percibir aquello que se está moviendo en el ambiente del aula, favorece la conexión entre el alumno y el maestro con resultados satisfactorios para ambos.

4. Una solución para todos

Los adultos queremos ser justos y en ese intento de hacer justicia el maestro busca una solución que funcione para todas los escenarios. Sin embargo, el mestro debe tener en cuenta que cada alumno es distinto y cada uno es un mundo de comportamientos, emociones, habilidades y contextos diferentes en los que influye la familia, los amigos y hasta las redes sociales. Aplicar la empatía, indistintamente de las condiciones y el escenario colectivo es adaptar la solución al alumno y a sus necesidades.

Ejercicios de Empatía para niños en el aula

La lectura de cuentos infantiles es una de las actividades pedagógicas idóneas para trabajar la empatía con niños. Los libros para niños facilitan el abordaje de la empatía gracias a su estructura con historias comprensibles y entretenidas. Los cuentos para trabajar la empatía con niños le ofrecen al docente la posibilidad de organizar ejercicios de empatía para niños en el aula dirigidos a conectarse con las emociones y experiencias de sus protagonistas, a comprender sus reacciones y comportamientos y al reconocimiento facial y corporal de sentimientos gracias a las ilustraciones.

En mi primer cuento para trabajar la empatía con niños titulado: “En Tus Zapatos. Un cuento sobre la magia de conectar con los demás” / “A les teves sabates. Un conte sobre la magia de conectar amb els altres” la protagonista vive la experiencia de ponerse en el lugar de los demás y de descubrirse a sí misma. Este libro, especialmente concebido para desarrollar la empatía en niños, cuenta la historia de Mimi y sus nuevos calcetines encantados que la llevarán a vivir experiencias emocionales diversas sintiéndose en la piel de sus seres queridos, mientras juega a probarse los zapatos de cada uno de ellos.

El cuento propone a los maestros una herramienta didáctica con la cual desarrollar ejercicios de empatía para niños. A través de las emociones, pensamientos y vivencias que Mimi experimenta durante la historia, se facilita la práctica de reconocer y validar a los demás desde una perspectiva lúdica y divertida. Con los cuentos para trabajar la empatía en el aula se puede cultivar en los niños actitudes altruistas y ayudarlos a crear vínculos afectivos satisfactorios con sus compañeros y en cada uno de los entornos en donde se desenvuelve.

Al buscar el origen griego de la palabra empatía: “el que siente por dentro” se puede comprender el gran valor educativo que tiene esta capacidad para transformar positivamente las relaciones entre maestros y alumnos. Enseñar con empatía y estimular comportamientos empáticos en el aula favorece el desarrollo de destrezas importantes para una vida plena y feliz. Como docentes somos capaces de dejar una huella imborrable de bienestar en nuestros alumnos y además sentir la satisfacción de saber que estamos trabajando por un mundo más humano y mejor.

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